Espiando a mi hermanita de diez años descubrí un secreto y la amenacé hasta violarla.La pared que dividía la habitación dormitorio de mi hermana Anita y la mía era extremadamente fina. Cuando sucedió lo que les voy a contar ella tenía tan sólo diez años. Sus formas eran las de una niña de esa edad. No se trataba de una niña precoz tipo Lolita ni nada parecido. Pero sí era muy linda y atractiva por su manera de ser, siempre sonriente y de modos delicados y muy femeninos. Eso provocaba en mí una atracción por mi hermana que no podía contener, por lo que siempre estaba abrazándola dándole besos y tocándola atrevidamente sin que nadie me viera o se diera cuenta de ello. Es que estaba muy excitado por la edad. Yo tenía 17 años en esa época y mi cuerpo era un volcán. Así que decidí un día espiarla desde mi habitación. Para ello preparé un agujero más que discreto y dispuesto de manera perfecta que permitía ver toda la habitación de Anita y me permitía pararme cómodamente para masturbarme cuanto quisiera.
Esto fue la gloria para mi vida. Porque comencé a ver a mi hermana Anita haciendo cosas que jamás imaginaría que ella hiciera. Vi cosas maravillosas día tras día y descubrí en mi hermana a una mujercita adelantada para su edad.
Por las noches Anita se desvestía frente al espejo haciendo todo tipo de poses acomodando su cabello largo y rubio sobre uno de sus hombros y tocándose las piernas como si estuviera frente a una cámara que la fotografiaba. Era como un juego para ella. Posar frente al espejo. Yo podía verla desde atrás y su imagen en el espejo me permitía ver su rostro y su parte de adelante. Estaba perfecto. Yo me masturbaba lentamente disfrutando el momento hasta que Anita decidía acostarse y sólo entonces me decidía a eyacular. A la mañana, cuando se levantaba para ir a la escuela, la veía vestirse. Cómo se ponía sus medias, sus pequeñas bragas de color celeste, que eran mis preferidas, su corpiño diminuto que recién se empezaba a poner y que cubrían sus tetitas incipientes. Luego el momento preferido por mí era cuandose ponía su falda de escolar, bien corta y un poco más levantada que lo normal ya que a ella le gustaba de esa manera. Se peinaba frente al espejo, delicada y muy femenina. Yo volvía a masturbarme una vez más. Mis ganas de poseerla eran ya insoportables. Quería penetrarla hasta el cansancio, aunque fuera mi hermana. Su pequeñez y su belleza eran una obsesión para mí.
Un día entonces, descubrí que Anita intentaba fumar un cigarrillo. Lo hacía sentada en su cama cruzada de piernas con la puerta cerrada, temerosa de que nuestra madre entrara a su habitación. Lo hacía con torpeza pero parecía disfrutar lo prohibido del acto.
A la otra noche Anita volvió a hacer lo mismo y así hasta que finalmente aprendió a hacerlo como correspondía. Ahora tenía un dato que podía serme útil. La descubriría frente a mis padres si no hacía lo que yo tenía ganas de hacer con ella. Por lo que decidí un día hacer una copia de la llave de su habitación y entrar cuando estuviera en plena fumada de su cigarrillo nocturno.
La noche que entré repentinamente a su dormitorio Anita estaba fumando un cigarrillo rodeada de una nube de humo que no pudo ocultar a pesar de que arrojó el cigarrillo a medio fumar por la ventana.
Su rostro de sorpresa y miedo eran lo que necesitaba para pedirle lo que tanto buscaba. No le dije nada en ese momento y me retiré de su cuarto haciéndome el enojado. A los minutos Anita apareció en mi dormitorio con su rostro lleno de miedo y casi llorando.
Me pidió que no le dijera nada a mi madre, que era muy estricta en cuanto al tema de los vicios. Ni siquiera a mí que ya era un joven me permitía fumar. Mucho menos a una niña de diez años. Con toda la malicia del mundo le respondí que le contaría todo a nuestra madre. Ella se largó a llorar y se arrojó a mis brazos pidiéndome una vez más que no le contara nada. Le dije que lo pensaría y que se fuera a dormir. Al espiarla por mi agujero secreto la vi sobre la cama llorando de una manera que me conmovió.
Luego de que terminara de llorar volví a su habitación y me acerqué a su cama. Le dije que si no quería que contara nada de su vicio con los cigarrillos tendría que hacer algo por mí. Su rostro se iluminó y me constestó con una sonrisa inocente que haría lo que yo le pidiera. Pobre Anita, pensaría que le pediría que hiciera algo tonto como limpiar mi habitación, o que hiciera alguna diligencia por mí como cuando me pedían en casa que limpira el jardín o algo por estilo.
Confieso que un tanto nervioso le tomé sus manos y le dije que lo que quería era que se desnudara frente a mí y que hiciera las cosas que yo le pidiera. Anita quedó estupefacta, sin voz, palida de rostro. Pero tomé fuerzas y le insistí en que eso era lo que debía hacr para que yo no contra nada.
Entonces la saqué de la cama y la paré frente a mí. Le dije enérgicamente que comenzara a desvestirse, hasta le dí una bofetda sobre su rostro para que lo hiciera de una vez por todas.
Anita lloraba mientras se sacaba su camisón rosa, por lo que quedó sólo con su ropa interior. Se había quedado allí parada sin hacer nada. Yo mismo terminé por desvestirla. Ahora Anita estaba desnuda a pocos centímetros de mí, tal cual lo había soñado siempre. Intentaba taparse con sus manos pero no la dejé. Yo me bajé los pantalones y saqué mi verga ya erecta. Ella miraba sorprendida, con una mezcla de miedo, sopresa y curiosidad. Comencé a masturbarme mientras le pedía que se acariciara sus tetitas, cosa que obedeció. Le ordené que se pasara la lengua por sus labios y también lo hizo. Yo estaba en un paraiso absoluto. Le ordené que se arrodillara a la altura de mi verga y eyaculé sobre su rostro mojado por sus lágrimas.
El semen le caía por sus mejillas enrojecidas mientras se lo desparramaba por toda la cara con mi mano. Le metí los dedos en la boca y le ordené que me los chupara. Anita obedeció una vez más. Mi éxtasis era total.
Anita seguía pidiéndome que no le contara nada a nuestra madre sobre los cigarrillos. Le dije que no lo haría,que se quedara tranquila, pero que debería seguir obedeciéndome sobre lo que le pidiera.
Ella permanecía parada y desnuda, muy avergonzada fente a mí. Yo me paré delante de ella y le limpié el semen de la cara con una toalla que mojé con jugo de naranjas que Anita siempre tenía en su mesa de luz al costado de su cama. Luego la senté sobre mis piernas y comencé a besarle sus tetitas y a pasarle la lengua por su cuello hasta que me detuve en su boca. Ella hacía esfuerzos por no tener contacto con mi boca, pero yo estaba desaforado nuevamente y la tomé fuerte de los cabellos para que no se moviera. Entonces le dije que abriera su boca para dejar introducirle mi lengua. Anita lloraba y pedía por favor que no, pero finalmente hizo silencio y abrió su boca esperando que yo la besara. En ese momento también le metí uno de mis dedos en su culito. Ahora sí que me encontraba en un verdadero paraíso. Mi dedo bien adentro del agujero de su culo y mi lengua metida hasta la garganta tapando sus grititos de dolor. Mi verga comenzóa ponerse erecta nuevamente.
Aún con el dedo bien metido en su culo puse a mi hermana sobre la cama. Anita se mordía los labios de dolor, pero a mi no me importó. Sólo quería que todos mis deseos quedaran satisfechos esa noche. Así que una vez más la tomé de sus cabellos y le dije que se metiera mi verga en su boca. Mi hermana abría sus ojos implorando que se la sacara pero para mí el placer era tanto que se la metía lo más adentro que podía. Comenzó a ahogarse, entonces se la saqué unos instantes. Anita tomaba aire desesperada y yo miraba mi verga toda salivada y eso me volvió loco. “Sigue chupándola, mi putita” le dije y ella volvió a abrir muy grande su boca. Otra vez volví a metérsela hasta el fondo.
Pero decidí que ya era suficiente. Quería hacer durar un poco más el momento antes de eyacular por segunda vez. La puse boca abajo y le pasé la lengua por todo su culito y por sus labios vaginales, tan suavecitos y de un color rosa angelical que me pusieron más excitado de lo que ya estaba. Anita mordía su almohada y lloraba desesperada. Finalmente antes de eyacular la di vuelta y le hice tomar con sus manos mis testículos y mi miembro terriblemente erecto. Le dije que me masturbara pero no entendió así que le mostré lo que debía hacerme. Ella lo hizo de maravillas. “Putita, eso eres, una putita reventada, ahora acerca tu boca bien abierta cuando te lo ordene, puta, puta, puta…”. No podía parar de decírselo y ella parecía ya obedecer a todo lo que le decía.
Cuando estuve a punto de eyacular le ordené que abriera su boca bien grande y se metiera mi verga hasta su garganta. Entonces le largué toda mi leche por segunda vez bien adentro de su boca. Anita comenzó a toser y a largar semen por el costado de sus labios. Luego la arrojé sobre la cama y la abofeteé en su rostro mientras le decía que era una puta, una niña muy puta y que hacía cosas que no correspondían a su edad y que eso le pasaba por haber fumado a los diez años.
Luego volví a mi habitación y me puse a espiarla por el agujero secreto. Allí había quedado Anita, sobre su cama, desnuda, y aferrando su almohada para tapar el sonido de su llanto. Luego se cambió y se metió entre las mantas y se quedó dormida. Al otro día Anita apareció a desayunar para ir a la escuela con rostro serio y callada, pero nadie sospechó nada.
Cuando regresó ese día vovlí a su habitación y me puse a hablar con ella. Anita estaba asustada, no decía palabra alguna pero me escuchaba atentamente. Le dije que todo lo que había ocurrido la noche anterior era porque en realidad ella me gustaba demasiado. Le pedí disculpas por loque había hecho pero ella siguió sin hablarme. Luego quise acariciarla pero ella retiró mi mano. Yo entonces la sujeté del cuello y le dije que no hiciera eso nunca más, y le metí mi mano por debajo de su falda escolar que aún llevaba puesta. Por debajo de sus bragas celestes le recorrí la vagina con mis dedos mientras la besaba por todo su rostro, le pasaba mi lengua y le chupaba sus labios desesperadamente. Ella ya no lloró en en esa oportunidad. Luego me retiré de su habitación por temor a que llegara nuestra madre. Antes de irme le dije que la amaba, que era hermosa, que ahora sería siempre mía.
Anita se quedó casi encerrada todo el resto del día. Al llegar la noche nuevamente fui a su habitación. Ella no decía nada. Estaba acostada con su camisón de dormir puesto, me acerqué a ella y comencé a acariciarla por todo su cuerpo. Otra vez saqué mi verga y le dije que me masturbara. Me contestó que no quería hacerlo más y que me fuera de allí. Que gritaría y que ya no le importaba que contara lo de los cigarrillos. Parecía decidida pero yo no deseaba irme a mi habitación con miverga tan erecta. Me puse encima de ella y le tapé la boca con mi mano. Le dije que ahora ya no contaría lo de de los cigarrillos que ahora lo haría porque si no la golpearía. Sus ojos se abrieron enormemente. Estaba asustada porque se lo decía en serio. Estaba decidido a golpearla si era necesario. Así que le saqué la mano boca y ella no gritó. Me dijo que era una basura y un animal, que no le podía hacer eso a su hermana. “No me importa si eres mi hermana, me importa que estoy loco por ti, puta… mi puta hermosa”. Y allí mismo le pasé mi verga por su rostro. Al igual que la noche anterior la puse boca abajo y le metí mi dedo bien profundo en su culito. Anita gemía de dolor, pero a mi eso me gustaba aun más. Luego le abrí los labios de su vagina y le metí mi lengua bien adentro. Eso era una delicia. Le dije que ella misma mantuviera abierta su vagina y luego le eyaculé entre sus dedos. Su vagina estaba inundada de mi leche. Le dejé todo mi semen adentro y luego la obligue a que se metiera sus dedos para que juntara leche y luego se los metiera en su boca. Anita obedeció y se chupó los dedos mientras yo le volvía a meter un dedo en el culo. Fue hermoso.
Luego le dije que fuera a mi habitación después de que se lavara. Al rato llegó Anita en silencio. Se había puesto su camisón color rosa. En ese momento la vi realmente muy linda. Le dije que se acostara a mi lado y allí comencé a besarla mientras la abrazaba y le decía que la amaba, que estaba loco por ella y que siempre sería mi puta.
Entonces me vinieron las ganas de penetrarla, de sentir mi verga dentro de ella y aunque estaba un poco cansado sabía que Anita me la iba parar de nuevo. Le tomé su cabeza con mis manos y se la puse entre mis piernas obligándola a que se la metiera en su boca. Ella empezó a meterse la puntita de mi pinga y en unos pocos segundos ya estaba de nuevo bien parada. “Chupa bien, pedazo de puta” le decía gmiendo y ella lo hacía. Luego la di vuelta y le volví a meter los dedos en su culo. Anita mordía las sábanas de mi cama y entonces vino mi embestida en su culito precioso. Me costó metérsela y mucho más me costó que se quedara quieta y no gritara de dolor. Pero al final le entró y le di con todo hasta que la llenés de semen. Fue lo mejor que había hecho en mi vida. Sensacional. Ella lloraba muy dolorida y se acurrucaba en mi cama maldiciéndome. Pero no me conmovía en lo más mínimo, al contrario, me hacía sentir poderoso.
Al otro día Anita me escribió una nota en la que decía que yo era una bestia y no su hermano. Y que la de anoche había sido la última vez que la tocaba. Pero obviamente que no le hice caso y volví a hacerlo varias veces más. Todo terminó unos meses después cuando Anita se atrevió a contarlo a mis padres y se armó el escándalo. Ya no vivo con ellos ahora, sé que nunca me lo perdonarán, pero no me importa. La satisfacción de haberle roto el culito a mi hermana de diez años y haberla llenado de leche ya nadie podrá sacármela de encima.

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12 respuestas a Espiando a mi hermana Anita

  • Eres un hijo de tu puta madre perro si se quien eres perro te voy a romper toda tu puta madre como te atreves a hacerle eso a tu propia hermana ojala ke le hagan lo mismo a tu hija y una vez chingas a tu perra puta madre maldito deprabado hojala te pudras en el infierno.

    • Que culpa tienen sus hijos y su mama ese wey se deveria pudrir en la carcel

  • Eres un maldito deprabado

  • A ver, alguno ha leido al menos dos de los relatos de este autor? Porque si lo haceis comentarios así sobrann

  • pero que buen relato tio , pues me echo tres pajas seguidas con lo que acabo de leer

  • Esta bueno tu relato…las mujeres nacieron para ser cojidas…y no importa la edad siempre puede uno cojerselas…ya sean abuelitas o niñas

    • pinche perro ojala asi se cojan a tus hijas hijos y demás pendejo vete a ala mierda en la madre q te pario

  • Esta buenisimo como ubiera querido de aber abierto el culo ami hermosa hermanita ciando ella tenia esa eda

  • Todo lo que se hace en este mundo aqui mismo se paga solo espere turno

  • eres un maldito deprevado deverias caer en la carcel el resto de tu vida y que te violaran a ti adiario para que sintieras mucho dolor hijo de la gran puta :evil: :twisted:

  • buenisimo :smile:

  • He aqui JuanGayer (digooo… Pablo ;D): http://mischistesfavoritos.blogspot.com.es/2012/06/mama-mama-soy-feo.html Y aqui tenemos a los que han puesto comentarios de maricon pedofilo follaviejas: una foto de su novio/novia (no se sabe) http://media1.santabanta.com/full1/Global%20Celebrities(M)/Justin%20Bieber/justin-bieber-9a.jpg PD. A los que decis que el relato mola y os tocado la vagina -porque no teneis pelotas-, os quiero preguntar ¿estais tan degenerados que cuando vuestro perro hace popo (si, popo os lo digo como si fuerais subnormales) cogeis el zurullo os lo restregais por la cara, vomitais os correis (al segundo) os lo comeis y usais la dentadura postiza de vuestra abuela para pajearos luego meais y os lo bebeis viendo 2 Girls 1 Cup? No hace falta que me deis respuesta, ma da pereza leer tantas respuestas afirmativas. Y el que me escriba que soy yo el que hace eso pueeees… LOS QUE LO DICEN LO SON, EL MUNDO AL REVES; REBOTA, REBOTA Y EN VUESTROS CULOS EXPLOTAN.

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